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    • [2026-01-26 lun 16:51]

      Este texto fue publicado originalmente en enero de 2017. Se recupera y publica en el nuevo Blog, a pesar de alguna pequeña obsolescencia, con una edición mínima limitada a correcciones formales y eliminación de duplicidades, sin alterar el sentido ni las conclusiones.

      Debe leerse como una decisión situada: una elección técnica y vital tomada desde unas circunstancias personales, profesionales y físicas concretas, no como una recomendación universal ni atemporal.

¿Por qué me quedo con Debian?

No es este un texto ligero, así que pido disculpas por su extensión. Surge de la necesidad de detenerme un momento y recordar, con algo de perspectiva, las razones por las que estoy en este camino.

El trabajo se ha ido complicando con el tiempo y es probable que los últimos años de mi vida laboral no sean sencillos. Sin embargo, lo que más me preocupa no es la dificultad en sí, sino la sensación de haber perdido en parte el rumbo y, sobre todo, la pasión que siempre ha orientado mi manera de trabajar.

Cuando esto me ocurre suelo divagar y dejarme llevar por caprichos no siempre necesarios ni convenientes. Me asaltan mil dudas sobre todo y, por eso, esta semana, al leer noticias sobre la llegada de GNOME 3.24 y ver cómo algunas distribuciones rolling release lo incorporaban rápidamente, me volvió a rondar la duda habitual de pasarme a una rolling release, cambiar de entorno y estar a la última en versiones de programas.

De entre todo lo leído, me llamaron especialmente la atención algunas entradas centradas en openSUSE, Antergos y Manjaro, distribuciones que siempre me han atraído por distintos motivos.

Al final, las razones que suelen esgrimirse para elegir este tipo de distribuciones se resumen en tres puntos:

→ La comunidad → La tecnología → Las versiones

Ciertamente, mi anterior trabajo como Director Técnico me obligaba a estar siempre en la punta de lanza de los desarrollos en lo personal, para poder ajustar a límites seguros lo laboral, y eso me encantaba. En esas condiciones, probablemente una rolling release habría sido una buena opción.

Pero ahora no es esa mi situación. Debo luchar contra esa tendencia a experimentar simplemente por experimentar, porque mis objetivos actuales son otros: disfrutar del equipo del que dispongo, que no tiene visos de cambiar en muchos años, y recuperar, si me es posible, el gusto por la programación. En este contexto, me importa mucho más la comunidad que las versiones o la tecnología más reciente, dadas mis limitaciones actuales.

No conozco ninguna distribución que no haga referencia a la comunidad que la soporta como una de sus bondades, y he conocido comunidades muy acogedoras, incluida la de Debian. Sin embargo, para mí hoy es más importante una comunidad amplia, comprometida con el Software Libre y con la FSF. Mi mayor reto personal es mantenerme lo más cerca posible de esa lucha y profundizar en los temas de privacidad, ya que no me gusta nada el rumbo que está tomando todo esto y tengo la sensación de que, antes de lo que creemos, muchas imposiciones llegarán en nombre de la seguridad, la salud o la calidad de vida.

Mi experiencia me dice que la comunidad del mundo Linux es mucho más rica que las comunidades asociadas a cada distribución concreta, a menudo muy centradas en el desarrollo y sus complejidades, algo hoy por hoy lejos de mi alcance. Por eso me siento más cercano a proyectos centrados en difundir la filosofía y el uso del Software Libre que a otros más orientados al producto final.

Por desgracia, hoy no puedo alejarme completamente de herramientas como Telegram, aunque sí puedo optar por usarlas en versión web para no instalarlas en mi equipo. Y si tengo que renunciar a Steam para no habilitar los repositorios non-free de Debian, tendré que hacerlo. No quiero recurrir a distribuciones que, en mi opinión personal, hacen concesiones contrarias a la filosofía defendida por la FSF en aras de un mayor éxito de mercado. Dicho esto con todo respeto: no soy quien para decir a nadie lo que debe hacer. Precisamente porque creo en la libertad, creo que cualquier persona informada debe poder elegir libremente, aunque en el mundo actual esa libertad se vea mermada por la falta de formación y por una información muy dirigida.

De ahí la importancia de difundir el Software Libre y estos principios desde la educación, para que las futuras generaciones estén menos condicionadas, y de ahí también, en parte, la crisis educativa que vivimos, más preocupada por el adoctrinamiento que por la formación.

Otro de mis grandes retos son los escritorios. Los conozco aún de forma superficial y necesito manejarlos con soltura, ya que trabajar sin ratón hoy en día sigue siendo complejo. En este contexto me he enamorado de GNU Emacs, con el que tengo por delante años de aprendizaje y que espero cubra cada vez más aspectos de mi trabajo diario.

No es que cambiar de escritorio no resulte tentador —mi afán de conocer es, a veces, irracional—, pero ese impulso me hace perder foco. Si quiero avanzar, debo centrarme en uno, aunque eso implique renunciar a algunas cosas.

A esto se suma una limitación que no puedo evitar y que influye bastante: mi vista. Aunque suelo bromear con que soy un “ciego defectuoso”, la realidad es que esto condiciona mucho mi forma de trabajar. En este aspecto, por experiencia directa, tengo claro que GNOME es hoy por hoy uno de los escritorios más desarrollados en accesibilidad.

Por todo ello, y conociendo mis limitaciones, he renunciado a las distribuciones mencionadas, incluso a Parábola, que seguramente sería mi preferida en otro contexto, y me he asociado a Debian utilizando únicamente los repositorios main.

Con todos estos mimbres, y con los proyectos que iré contando en próximas entradas, tengo claro que Debian y GNOME serán durante un tiempo mi centro de trabajo, aunque no descarto matar mi curiosidad virtualizando alguna otra cosa.

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