Cerrar opciones
En la revisión anterior hablaba de procrastinación técnica: no como pereza, sino como una forma sofisticada de evitar compromisos, donde el sistema —en lugar de servir al propósito— se convierte en el propósito. Esta semana ha sido relevante precisamente porque he tomado varias decisiones que me encaminan a ir cerrando temas, y eso merece ser explicado.
El inicio de año, en general, no está siendo un tiempo de grandes avances visibles. Sin embargo, sí he tomado una decisión importante: consolidar lo aprendido y ordenar mis notas recientes para dejar de vivir alrededor del “sistema”. Es en ese camino donde espero que todo lo aprendido empiece realmente a madurar.
Puede parecer poco importante, pero el cambio empezó al revisar mi formulación de visión:
Diseñar y vivir un sistema de trabajo que combine método sistemático e inteligencia sistémica para mejorarme, organizar mejor mi entorno, trabajar con eficiencia, elevar la calidad de mis notas y publicaciones, cultivar relaciones sanas con mi entorno y servir a los demás, obteniendo, a ser posible, algún ingreso siempre que no comprometa mis principios.
En la revisión de fin de año me di cuenta de que “vivir un sistema” no expresaba bien mi propósito. Lo que busco no es vivir un sistema, sino vivir mi vida, usando un sistema de trabajo como herramienta. Eso me llevó a reformularlo así:
Quiero vivir trabajando de forma sistemática y consciente, para lo que necesito diseñar y usar un sistema de trabajo como herramienta de apoyo.
El sistema debe ayudarme a tomar mejores decisiones, reducir el consumo de esfuerzo en su mantenimiento, mantener claridad y orden y liberar tiempo y energía para vivir mejor.
Para ello necesito un método sistemático, es decir, procedimientos claros, simples y repetibles, y un enfoque sistémico, es decir, comprender las relaciones e interdependencias entre las distintas áreas de mi vida.
No pretendo optimizarlo todo, sino sostener una vida equilibrada en la que pueda compartir tiempo y aficiones con los demás, cuidar mi salud, mantener organizado mi entorno físico y digital y mejorar la calidad de mis notas y publicaciones.
Esta semana ha sido un ejemplo de lo que espero para este trimestre: no grandes avances visibles, sino consolidación de cimientos. Y, en mi experiencia, es ahí donde realmente se decide si un proyecto madura o se diluye.
Windows para juegos fuera del sistema principal
Tras varios intentos y ajustes, he dejado Windows 11 dedicado exclusivamente a juegos y montado en un disco USB externo. Con esto cierro un problema antiguo: mantener Windows aislado de mi sistema principal y simplificar el hecho de dedicar ratos al juego sin introducir fricción innecesaria en la administración del sistema.
Con ello consigo:
- Evitar contaminar el sistema principal con dependencias, drivers o paquetes ajenos a mi uso diario.
- Mantener compatibilidad total con ciertos juegos, sin forzar capas intermedias extrañas y facilitando instalación y mantenimiento.
- Separar de forma física y mental el sistema de trabajo del ocio puntual, lo que me ayuda a ser más consciente de en qué punto estoy en cada momento.
Obviamente no es la solución ideal desde el punto de vista del rendimiento máximo, pero sí lo es desde el punto de vista de la eficiencia personal. No busco soluciones óptimas en abstracto, sino soluciones suficientes, estables y claras, aunque no sean técnicamente perfectas.
De Fedora a Debian: una decisión de autolimitación
He decidido el cambio de Fedora a Debian, no por distrohopping ni por procrastinación, sino de forma consciente.
Fedora es una distribución excelente, pero sus ciclos rápidos, los cambios frecuentes y la adopción temprana de tecnologías dejan clara su orientación a la experimentación. Eso es una virtud cuando el objetivo es probar, desarrollar o explorar. Sin embargo, en mi caso, siempre ha sido una fuente constante de fricción: demasiadas decisiones, demasiadas novedades, demasiadas posibilidades.
Debian introduce una fricción distinta, mucho más saludable para mi momento actual:
- menos cambios
- menos tentación de tocar lo que funciona
- más foco en el uso continuado
Aquí ha sido importante volver a leer lo que escribí hace nueve años en Por qué me quedo con Debian y darme cuenta de que, en el fondo, no busco la distribución perfecta, sino una base que no reclame atención constante.
Mi único punto delicado será la versión de Emacs, pero eso es algo que abordaré cuando haga falta. Ya lo he compilado desde fuentes en Debian otras veces, y no debería suponer un problema serio.
Esta decisión es, en el fondo, una forma de retirar fuentes de distracción de mi día a día, evitando una dopamina tecnológica que me desvíe de mis objetivos reales.
Relectura 2026 · Decisión situada
Reviso este texto no para reafirmar una postura técnica, sino para recordar que las decisiones sobre herramientas no son abstractas ni universales. Son decisiones tomadas en un momento vital concreto, con unas capacidades, límites y prioridades determinadas. En 2017, elegir Debian fue una forma consciente de ganar estabilidad, proteger el foco y adentrarme en el mundo del Software Libre y Gnu Linux con mayúsculas.. Esa lógica —no la herramienta concreta— es lo que sigue siendo vigente, aúnque haya aflojado un poco los criterios - mi equipo contiene un 0.6% de paquetes no libres -.
El sistema como soporte, no como proyecto infinito
Como decía al principio, sigo avanzando en una idea fundamental:
- El sistema existe para servir a la vida.
- Si el sistema genera más carga que alivio, se simplifica o se descarta.
Dicho de otro modo: mi sistema no debe convertirse en un proyecto paralelo permanente.
Si mantenerlo me ocupa más espacio mental que lo que quiero hacer con él —la escritura, el estudio, el trabajo— es que algo está fallando. Las decisiones de esta semana —Windows aislado y Debian como base estable— van todas en la misma dirección: cerrar variables.
Menos opciones abiertas hoy significa más energía disponible mañana.
Para la próxima semana
La semana que entra estará condicionada por un viaje, un cambio de entorno y de equipo, así que no creo que avance mucho. A cambio, será un tiempo muy bueno para compartir con mi esposa.
Aun así, quiero asegurar continuidad y resistencia —me niego a usar *resiliencia*— en este camino. Estas son las tareas que dejo marcadas:
- Adaptarme al viaje y poner al día el PC de escritorio, abandonado desde hace tiempo.
- Crear copias del portátil y dejar montadas copias de seguridad con Borg.
- Publicar esta revisión semanal y republicar la entrada sobre por qué uso Debian.
- Cerrar definitivamente el flujo de tareas y el archivo de siguientes acciones.
- Preparar un calendario de publicación realista.
Nada especialmente brillante. Todo fundamental.
Cierre
Si la revisión anterior giraba en torno a identificar distracciones típicas en mí, esta semana ha sido el paso siguiente: cerrar opciones para evitarlas.
No he optimizado nada. He limitado. Y empiezo a confirmar que, al menos para mí, esa es una forma mucho más honesta de avanzar.